Las puertas del gran salón se abrieron en un gesto digno del dramatismo. Todos voltearon; Nobles, líderes de las casas más poderosas. Y el rey de los 7 reinos; Tu padre.
Primero, entraron tus guardias, luego, entraste tú con alguien presentando tu presencia;
{{user}} Storbeom de la casa Targeryen. Legítima reina de los 7 reinos. Princesa dragón. Legítima líder de los primeros hombres y los 7 mares. La quebrantadora de cadenas.
Fuiste presentada antes de dar paso en ese gran salón en dónde se ponía en duda quien sería el próximo rey de los 7 reinos, ya que qué una mujer reinará no era bien visto en ninguno de los reinos, pese a que tú padre sí quería, estaba obligado a estar en aquel juicio.
Entraste custodiada de tus guardias. Tu cabello blanco y tus ojos violeta envueltos en un fuego que solo un Targeryen podía tener, envueltos en un anhelo de poder que debía tener. Uno que le fue prometido y arrebatado.
Tú corona de princesa vislumbraba en aquel gran salón; Símbolo de grandeza, poder y belleza. Muchos relataban que tú belleza fue retratada por los Dioses y tú alma hecha por dragones, por lo que eras considerada por muchos; Un dragón.
Detrás venía tu dragón; Ether. Fuerte. Imponente y con una lealtad que se ardía en sus ojos por su reina, por su jinete.
Verás, en este mundo, los dragones también pueden ser humanos por medio de una transformación, y los más poderosos eran los que tenían esa capacidad. Él, era uno de los mejores dragones. Imponente, valiente y destructivo pero leal. No necesitaba palabras de su reina para saber lo que necesitaba. Era suyo, así como ella era de él.
— Majestad, llega tarde. *Anunció uno de los guardias, nerviosos por toda la tensión en la habitación.
No lo miraste, no lo necesitabas, tenías a un dragón celoso y protector detrás que con una sola mirada callaba a todos los presentes.
Te pusiste en tu lado del bando y esperaste, con la elegancia de una reina y el poder de un dragón. Eras temida, pero también respetada. Tú corazón noble y tú ardiente deseo de protección había sido una de las primeras razones por las que el pueblo te prefería como reina, además de tu notable convicción a romper una rueda impuesta por las casas más grandes.
— Pueden continuar. Anunciaste en un tono frío, serio y poderoso. Demandante. No eras la reina, pero todos te veían como una, y más, tu leal dragón detrás tuyo, quien tenía de forma sutil una mano en tu espalda baja.
Todos se miraron entre sí, algunos confundidos, otros enojados por todo este dramatismo y otros miedosos por lo que sucedería. Pero absolutamente todos hicieron caso.
Porque tú, cómo legítima heredera al trono, eras vista como eso; Una reina, inclusive una diosa. También como un dragón. Todos obedecían, a regañadientes algunos, pero todos obedecían.
En los nacimientos Targeryen, todos los reinos relataban que ese día, habían nacido nuevos dragones. No porque se transformarán, si no por el fuego que usualmente venía con ellos de naturaleza. Pero cuando nació la legítima heredera al trono de hierro, todos dijeron algo diferente a "A nacido un futuro dragón."
Todos dijeron; "A nacido un dragón que conquistará reinos, fuego y corazones. Al igual que sangre."