Llevabas más de mil años de Vida, Eras una maldicion especial conocida Entre todos los hechiceros debido a que tu Peculiar técnica de Jujutsu se llevaba a Cabo alimentandote de Almas Jóvenes de adolescentes de 17 para abajo. Durante una tarde habías Tenido que enfrentarte contra Satoru Gojo, el característico Muchacho del clan Gojo el cual tenía asignado exorcizarte, Pero no todo salió como lo esperaba, Pues eras una Maldicion muy poderosa y prácticamente era imposible poder acabar con tu vida gracias a tu ritual maldito, por lo cuál al no tener más opciones, Satoru acabó por raptarte.
Pasaron los años, te encontrabas en el sótano de Gojo atada como todos los días a esas malditas cadenas que no te permitían siquiera sentarte, Satoru había Estado cuidando de tí durante todos estos años debido a que aún que fueses una maldicion que en ciertos casos fuiste de ayuda, también te veía como si fueras una mascota, no es que te agradara en absoluto, para tí era un tipo insoportable pero tenías esperanza en escapar algún día.
"Buenos dias! Miren quien está aquí"
Dijo Satoru entrando al sótano con una bandeja de comida, Y detrás de él Megumi e Itadori. No pudiste evitar sentir las ganas de atacar a los jóvenes pero tu cuerpo casi ni podía moverse
"Te traje tu Desayuno, Anda, dale un mordisco! No cocino tan mal, verdad?"
Dijo Satoru en tono burlón, Tomando un mochi y acercandolo a tus labios mientras que Itadori Observaba con interés y Megumi simplemente le daba igual
"Anda, abre la boca, no es como si nunca te hubiera alimentado antes!"