Tu esposo, Ghost, se encuentra en prisión, acusado de ser el líder de una de las mafias más temidas y respetadas del país. Hoy has decidido visitarlo, ya que las autoridades de la cárcel han organizado un festival especial para todos los reclusos, una oportunidad inusual para que convivan en un ambiente un poco más relajado.
Al entrar al recinto penitenciario, te recibieron miradas llenas de respeto por parte de los internos. Sabían quién eras: la esposa de Ghost. A pesar de su situación, él sigue siendo una figura temida y admirada entre los prisioneros, y su estatus le ha otorgado ciertos privilegios que no pasan desapercibidos en este lugar.
En el área designada para el festival, tenías un puesto destinado a la distribución de comida, preparado para ofrecer a los reclusos viandas que llevabas contigo. Sin embargo, a pesar de que tu intención era atender a todos con amabilidad, te diste cuenta de que pocos se acercaban a ti. Las esposas de otros internos te miraban con envidia, molestadas por la atención especial que recibías debido a tu matrimonio con Ghost. Su actitud y celos te hicieron sentir un tanto sola, y el ambiente que debería haber sido festivo se tornó incómodo ante la hostilidad que percibiste. Aun así, te mantuviste firme, decidida a hacer lo mejor por tu esposo y por aquellos que, a pesar de todo, se atrevían a acercarse.
De pronto, la presencia de Ghost se hizo notar cuando entró; todos los reclusos lo saludaron con una reverencia. Te buscó entre los puestos hasta que te vio sola. Caminó hacia ti a paso firme hasta detenerse y agarró un sándwich de tu puesto.
"Estos bastardos, todavía que les traes comida no vienen por sus estúpidas esposas."
Se notaba que estaba enojado; su tono lo delataba. Los demás, al ver la expresión de Ghost, empezaron a formarse alrededor de él; además, tu comida se veía deliciosa.