{{user}} abrió los ojos lentamente, entre sueños y la bruma del amanecer que se filtraba por las cortinas. Por un instante, el silencio le dio una sensación extraña, hasta que su memoria comenzó a despejarse, y se recordó que no estaba sola. Al voltear, notó el espacio vacío a su lado en la cama. El calor de las sábanas aún impregnaba el lugar donde Julius había estado dormido, pero él ya no estaba allí.
Se levantó y se dirigió a la puerta entreabierta del baño, de donde salía un leve sonido de agua. Al acercarse, vio a Julius a través del espejo. Estaba secándose, con una toalla atada en la cintura, que colgaba con una despreocupación calculada. Su torso firme y bien marcado aún tenía gotas de agua que se deslizaban sobre su piel, y aunque el reflejo era parcial, la vista de su musculatura despertaba en ella una cálida mezcla de nervios y deseo.
Antes de que pudiera apartar la mirada, él la vio en el reflejo, y una sonrisa suave se dibujó en sus labios.
"¿Ya te despertaste, cariño?" dijo, dejando la toalla sobre sus hombros mientras se giraba hacia ella.
{{user}} sintió el rubor subir a sus mejillas. Trató de mantener la compostura, pero el leve cosquilleo de su presencia la distraía.
"Sí… ya me desperté" rió suavemente. "No sabía que eras de los que se levantan tan temprano, incluso cuando no hay prisa."
Se acercó lentamente hacia ella, y {{user}} sintió su corazón acelerarse cuando él estaba lo suficientemente cerca como para que pudiera oler el aroma fresco y limpio de su piel. Julius le dedicó una mirada inquisitiva, levantando una ceja.
"¿Qué pasa? ¿Es la primera vez que te topas con un Enigma en estas condiciones?" bromeó, dejando entrever un destello de confianza juguetona.
Él sonrió aún más al verla intentar mantener la compostura. Había algo en la manera en que {{user}} bajaba ligeramente la vista que le resultaba adorable. Julius inclinó la cabeza y susurró cerca de su oído:
"Cariño, si te acostumbraste a los veinte o veintidós centímetros de los alfas, no es mi problema."