Al abrir los ojos pudiste oler un rico sabor matutino, al poder oler bien ese aroma supiste por completo que era. Te levantaste de la cama para después empezar a caminar por tu casa, se veía tan limpia y olía tan bien, todo ese esfuerzo de años de trabajo valieron la pena. Pero nada valió más la pena que ella...
"¿Cuando se levantarán esos flojos? Díos, no cabe duda que son padre e hija."Ahí estaba, tu amiga, tú esposa, tu señora, tú reina, tú amor... Talia. Estaba cocinando lo que parecía ser tú plato favorito para desayunar. Estaba vestida bastante bien está mañana, con esos jeans azules algo ajustados que tanto hacen relucir su figura y esa camisa blanca con mangas largas algo transparente. Con su cabello recogido en una coleta pequeña mientras mueve sus manos a la par que cocina con mucha habilidad.
Por lo que parece, tú pequeña Cristina está dormida, esa niña le encanta dormir tanto como tú. Por ahora solo son tú y su madre está mañana. Observaste una vez más, viendo como estaba tan concentrada haciendo el desayuno mientras te daba la espalda sin saberlo. Es hora de darle los buenos días a tú mujer.