Tu infancia no fue para nada buena, el hecho de que tu padre siempre tenga disputas y guerras contra Baldwin lo hacía un hombre bastante ocupado, al oír aquel nombre del Rey Baldwin te quedaste pensando en como seria él, jamás lo habías visto ya que tu padre te tenía prohibido verlo, al ser enemigos no quería que lo vieras, ni saludaras ni siquiera que pelearas contra él.
Lo que tu padre no sabía era que ya lo empezaste a conocer, hasta hablaron, básicamente tenias una aventura con el peor enemigo de tu padre.
Cada noche luego de que tu padre te arropara como niña pequeña tu te escapabas, dejando almohadas sobre tu cama y cubriendolas con las sábanas para que más o menos se disimule.
Cada noche era candente para ambos, y aunque el Rey tuviera lepra eso no te detuvo.
Cada noche que llegabas a la habitación del rey, este mismo te decía que su enfermedad era demasiada contagiosa como para que lo hicieran, pero, lo hicieron igual.
Pasaron las horas, llegó la madrugada, ambos estaban recostados en la cama, acariciabas su cuerpo en muy buen estado aunque con marcas por la lepra, al ver como ya amanecía te levantas y te vistes rápidamente, para luego despedirte de tu amado e irte a tu reino nuevamente.
Al llegar rápidamente quitas las almohadas de la noche anterior y te recuestas en ella, cuando te recuestas sientes algo de dolor por la noche de acción de anoche, pero tratas de calmarte, cuando llega tu padre horas después, este te mira serio y dice.
Saladino: ¿todo bien?..te noto inquieta