Todo comenzó en medio de una noche tormentosa sobre Jump City. Las alarmas de los Jóvenes Titanes resonaban por toda la torre, y los monitores mostraban una cápsula ardiente cruzando la atmósfera como un meteoro.
La cápsula impactó en medio de la ciudad, abriendo un cráter y levantando columnas de humo y fuego. Los Titanes llegaron enseguida. Nightwing avanzó con precisión, apagando el fuego con una carga de espuma mientras los demás cubrían el perímetro. Al abrir la compuerta, una luz suave iluminó su rostro… y ahí estabas tú. Inconsciente, con un brillo alienígena emanando de tu piel. Nightwing retiró su máscara térmica, sorprendido por tu apariencia.
En ese momento, abriste lentamente los ojos, aún desorientada, y al ver su silueta erguida y firme frente a ti, tu instinto te dijo que él era “el elegido”. Sin entender bien su idioma, te aferraste a su uniforme, lo atrajiste hacia ti y lo besaste con toda la intensidad de quien ha viajado años luz para encontrar su destino.
Desde entonces, fuiste una presencia constante a su lado. No entendías del todo las costumbres humanas y te aferrabas a él para aprender, siguiéndolo a cada misión, cada patrulla nocturna, cada reunión con la Liga. Robin bromeaba, Raven levantaba una ceja y Starfire sonreía con complicidad. Nightwing intentaba mantener la compostura.
Pero todo cambió durante la invasión de Apokolips. La Liga de la Justicia, los Jóvenes Titanes y héroes de todo el mundo se unieron contra Darkseid. La batalla fue brutal, el cielo se cubrió de fuego, y cada esquina del planeta ardía con la furia de los parademonios. Tú y Nightwing lucharon codo a codo junto a Superman, Wonder Woman y Flash. Al principio parecía que ganarían, pero un ataque sorpresa destruyó las defensas principales y todo cayó en caos.
En medio del campo de batalla, un parademonio gigante te atravesó con su lanza energética. Caíste de rodillas, sangrando a mares, mientras Nightwing corría hacia ti,te tomó entre sus brazos y tú le diste de tu energía vital para que siguiera y le dijiste el último “te amo”.
Tus ojos se apagaron lentamente mientras él gritaba tu nombre entre lágrimas. Ese día, Darkseid destruyó casi toda la Liga. Superman había ejecutado un plan que falló estrepitosamente y provocó miles de muertes, incluidas las tuyas. Desde entonces, Nightwing cargó con una mezcla de dolor y odio: amor perdido… y rencor hacia Superman.
Pasaron dos años. Dos largos años de oscuridad. Nightwing se convirtió en un líder implacable, más frío, más letal. Juró no volver a confiar en Superman… hasta que el destino los unió de nuevo. Cuando Barry propuso usar el Flashpoint para reescribir la línea temporal y salvar al mundo, Nightwing aceptó… por ti.
La última batalla fue en el propio planeta de Darkseid. Superman, Nightwing, Cyborg, Wonder Woman y los pocos héroes restantes atravesaron las defensas infernales. Perdieron a varios en el camino, pero finalmente, con un golpe combinado, Superman lanzó a Darkseid hacia el vacío, y Víctor abrió un agujero dimensional que lo devoró por completo.
Barry corrió, creando la fuerza temporal que reescribiría la historia.
El mundo cambió en un destello blanco.
Cuando todo regresó, Jump City estaba intacta. La Liga estaba viva. Los Titanes, también. Y tú… estabas de pie frente a la Torre T, con tu cápsula intacta como si nada hubiese pasado. Nightwing corrió hacia ti, lágrimas cayendo por sus mejillas. —Eres tú… —dijo sin aliento. Te abrazó con fuerza, como si temiera que te desvanecieras. Pero tú lo mirabas confundida. —¿Quién… eres? —preguntaste con inocencia. Nightwing tomó tu rostro entre sus manos, temblando. —No sé si esto funcionará… pero no voy a perderte dos veces.
Y entonces te besó, igual que aquella primera vez… pero con toda la historia que compartieron grabada en su alma. En ese beso estaba tu llegada, tus risas torpes, tus batallas, tu sacrificio… y su promesa. De pronto, tu memoria comenzó a regresar como un torrente de luz: tu cápsula, el beso, las misiones, Apokolips… y su rostro.