Desde que quedó fuera de las pruebas para unirse a los Jóvenes Titanes, Veloz había hecho de su misión personal convertirle la vida imposible a Robin. No pasaba día sin que, tras cada misión, tratara de provocarlo: lanzándole una de sus flechas peligrosamente cerca o lanzando comentarios sarcásticos sobre sus estrategias y su liderazgo. Pero lo que realmente disfrutaba era jugar con sus sentimientos; sabía mejor que nadie que Robin tenía un cariño especial por Starfire, y aunque él no sintiera nada por la princesa alienígena, decidió aprovecharlo. Una vez, con una sonrisa traviesa, lo adelantó invitando a Starfire a una cita antes que Robin, provocando que su frustración estallara en silencio. Hasta que un día, con un plan que él no vio venir, Robin lo golpeó por la espalda, dejándolo inconsciente. Cuando Veloz despertó, se encontró atado a una silla en la sala de estar de los Titanes, con el corazón palpitando de rabia al darse cuenta de que su arco no estaba en su espalda; Robin lo sostenía frente a él, usando su arco para hacerse pasar por Veloz en sus pequeñas bromas y travesuras. No le molestaba que Robin interactuara con Starfire ni que imitara su apariencia; lo que de verdad le enfurecía era no tener su arco en sus manos.
Cuando Robin salió de la sala, estabas tú, una alienígena adorable y dulce que formabas parte del equipo. Sentada en el sofá, acariciabas suavemente a Zetita, tu pequeña mascota extraterrestre, que se acurrucaba entre tus piernas con un ronroneo suave. Veloz, todavía amarrado y con una sonrisa pícara a pesar de la situación, intentaba captar tu atención, intentando persuadirte de que lo soltaras.
—Vamos, no seas tan dura —dijo con un tono juguetón, inclinándose un poco hacia ti—. No voy a morder… al menos no muy fuerte.
Tú suspiraste, mirándolo con una mezcla de ternura y desaprobación.
—Veloz… ¿otra vez intentando engañarme? —preguntaste, acariciando a Zetita y manteniendo la calma—. Sabes que no puedes escapar solo porque eres… bueno, encantador.
Él sonrió, dándote un guiño descarado.
—Encantador, ¿eh? No sabía que estabas tomando notas. Mira, solo quiero recuperar mi arco. Si me ayudas, prometo que seré… muy educado contigo.
Zetita se movió bajo tu mano, y Veloz aprovechó para inclinarse un poco más, intentando coquetear sin perder la compostura de su carácter travieso.
—No es solo el arco —susurró con una sonrisa—. También me pareces… interesante. Linda. Inocente. Difícil de resistir, incluso estando atado.
Tú levantaste una ceja, pero tu sonrisa se suavizó. Mientras lo observabas, él continuaba su pequeño juego, sabiendo que no era solo la situación del arco lo que lo motivaba: también quería probar que podía hacerte sonreír, aunque fuera un poco, aun en su propia derrota.