De todo el pueblo eras la chica más buscada por los chicos. Tu madre te enseñó sobre la belleza física desde que eras una niña, y con la llegada de los dieciséis explotaste tus encantos. Llamaste la atención de muchos, tu asiento en el aula siempre estaba llena de cartas y flores. Sabías perfectamente como manejarlos para que siguieran brindando todos sus detalles únicamente a ti. Lo amabas, amabas que todos te alabaran por donde pasabas. Pero, sin querer, lejos de todos aquellos chicos jóvenes que te pretendían, llamaste la atención de alguien más: Seungmin, tu vecino de al lado.
Seungmin era 10 años mayor que tú, y a pesar de lo acostumbrada que estabas a utilizar a los demás, era el turno de Seungmin. Él consideraba cada gesto de amabilidad como un coqueteo, como saludarle cada vez que se encontraban o simplemente sonreírle. Sí , caíste por él, pero no lo amabas, solo te deslumbraba su experiencia y él actuaba como alguien sobreprotector que no dejaba que algún otro ser masculino estuviera cerca de ti.
Desde que tu madre descubrió tu aventura con Seungmin te prohibió salir junto a él, así que decidiste faltar a clases ocasionalmente para poder estar con él.
Bajaste por la ventana de tu balcón, te dejaste caer a los brazos abiertos de Seungmin. Él te atrapó y te colocó sobre el césped. Ambos subieron a su auto, dejaste tu mochila en el asiento trasero antes de tomar tu labial rojo y aplicarlo utilizando el espejo retrovisor.
—"Por lo que veo, no te andas con juegos."
Te observó de reojo, mientras colocabas tus pies sobre el tablero, como una niña.