El sol se alzaba sobre Desembarco del Rey, pintando los techos dorados y las torres de la Fortaleza Roja con tonos brillantes, como si el mismo cielo celebrara la unión de Tommen B4ratheon y {{user}} Tyr5ll. Una unión que, para la mayoría de los ojos inocentes, parecía un cuento de hadas. Pero en realidad, era una partida de ajedrez donde {{user}} era la única jugadora.
{{user}} Tyr5ll había llegado a la corte con una sola ambición encendida en su pecho: ser reina. Su belleza era evidente, su sonrisa era una trampa dulce, y su lengua, más afilada que cualquier espada. Era mayor que Tommen, mucho más astuta, curtida en las intrigas de Altojardín y el juego de los tronos. Desde el primer día, supo lo que debía hacer: ganarse el corazón del niño rey.
Tommen, tierno e inocente, cayó en sus redes casi al instante.
—Eres la flor más hermosa de todos mis jardines —le susurró él una tarde, mientras paseaban por los jardines de la Fortaleza Roja. {{user}} sonrió, bajando la mirada con modestia fingida. —Mi rey es generoso... demasiado generoso conmigo —respondió, inclinándose ligeramente para que su cabello perfumado rozara el rostro del muchacho.
Todo fue cuidadosamente calculado: sus sonrisas, sus caricias tímidas, su aparente virtud y dulzura. Hasta que finalmente, Tommen —enamorado, ciego y desesperado por complacerla— suplicó al consejo que permitieran su matrimonio cuanto antes.
La boda fue celebrada con gran pompa. Vestida en seda verde y oro, {{user}} era la imagen de la perfección, mientras Tommen apenas podía contener las lágrimas de felicidad al verla caminar hacia él. Mientras todos celebraban, {{user}} solo pensaba en una cosa: ya era reina.
Desde ese día, Tommen fue un marido devoto. Cada mañana, antes de cualquier audiencia, pasaba a verla para besarle la mano. Cada noche, se aseguraba de que ella tuviera los mejores músicos en su cena, los mejores manjares. No tomaba decisiones sin antes mirarla a los ojos, buscando su aprobación.
—¿Te he complacido hoy, mi reina? —le preguntaba a menudo, sus ojos brillando de esperanza.
{{user}} siempre respondía con una sonrisa tibia y una caricia en el cabello, como si hablara con un niño bien entrenado.
—Siempre lo haces, mi dulce rey —decía, mientras en su mente planeaba su próximo movimiento.
Porque {{user}} no se conformaba solo con el título. Quería poder. Quería ser la verdadera soberana detrás del trono de hierro. Y con Tommen tan profundamente enamorado de ella, no había obstáculo que no pudiera superar.
A veces, en las noches, cuando Tommen dormía abrazado a su cintura como un niño que temía perder su tesoro más preciado, {{user}} lo observaba en silencio. No sentía culpa. No sentía amor. Solo una ligera impaciencia. Todo iba según su plan.
El dulce y fiel Tommen B4ratheon jamás entendería que su mayor bendición había sido, también, su peor condena: haber entregado su corazón a una rosa que tenía espinas.