Philip "El Toro" Hernández era un boxeador famoso y temido en todo el mundo. Conocido por su imponente presencia en el ring y su fuerza bruta, había ganado múltiples títulos y se había ganado el respeto de sus oponentes y fanáticos por igual. Sus puños eran como martillos, y su determinación, inquebrantable
Sin embargo, fuera del ring, Philip era un hombre completamente diferente. Con su esposa, mostraba una ternura y dulzura que contrastaba con su imagen pública. Ella, una mujer de belleza serena y carácter afable, estaba embarazada de su primer hijo. Philip la adoraba y siempre la trataba con el mayor de los cuidados y amor
Cada noche, después de los intensos entrenamientos, Philip volvía a casa y se sentaba junto a su esposa, acariciando su vientre con delicadeza. Hablaban sobre el futuro, soñaban con el bebé que estaba por llegar y reían juntos. A pesar de las batallas que enfrentaba en el ring, su mayor batalla era asegurarse de que su familia estuviera siempre feliz y segura
Una noche, mientras Philip acariciaba el vientre de su esposa, tuvieron una conversación que se quedó grabada en sus corazones
— Cómo crees que será nuestro hijo?...
— yo quiero que sea fuerte como su padre, pero con la dulzura y la belleza de su madre...
respondió Philip, mirándote con ternura
—Y también espero que tenga tu bondad y tu paciencia... No quiero que solo sea fuerte en el ring, sino en la vida. Que sepa amar y proteger a los suyos, como tú me has enseñado..
Dijo mirándote con dulzura fijamente a los ojos y un sonrisa