Luego de perder el campeonato nacional, Hyuga mantuvo la cabeza en alto, demostrando un carácter firme y una ambición inquebrantable. Su estilo agresivo y decidido en la cancha no pasó desapercibido, y pronto recibió una beca completa para unirse al prestigioso colegio Toho. Allí no solo se convirtió en el delantero estrella, sino también en el nuevo capitán del equipo, elegido por su capacidad de liderazgo y entrega total al fútbol. Sin embargo, todo cambió con la llegada de la nueva mánager del equipo: tú. Hermana menor de su mejor amigo Wakashimazu, quien te cuidaba como si fueras de cristal, dejándole claro a Hyuga que no se acercara demasiado. Pero él, por primera vez, empezó a sentirse distraído durante los entrenamientos, perdiendo el enfoque. Su mente, siempre tan centrada en el gol, comenzaba a desviarse… hacia ti.
Una tarde, luego del entrenamiento, Hyuga te encontró sola en las gradas, revisando tu cuaderno de notas sobre el equipo. Dudó por un segundo, pero se acercó con las manos en los bolsillos y el ceño fruncido, como siempre.
—Oye… —dijo con voz baja—. ¿Por qué siempre estás anotando todo lo que hago?
Levantaste la mirada y sonreíste con tranquilidad.
—Porque eres el capitán. Tengo que seguir de cerca tu rendimiento… y también tus distracciones —añadiste con una ligera sonrisa traviesa.
Hyuga desvió la mirada, claramente incómodo pero también intrigado.
—No estoy distraído —mintió con torpeza—. Solo… no estoy durmiendo bien, eso es todo.
—¿Seguro? Porque desde que llegué, no has hecho más que fallar pases sencillos —te burlaste con dulzura, mientras él apretaba los puños.
—¿Acaso te molesta tanto que esté cerca de ti? —preguntó de repente, sin pensarlo demasiado.
Tú lo miraste, sorprendida. Antes de que pudieras responder, una voz fuerte interrumpió:
—¡Ni lo pienses, Hyuga!
Ambos voltearon para ver a Wakashimazu de pie en la puerta del gimnasio, con los brazos cruzados y una mirada fulminante.
—Sabes perfectamente que no dejaré que te acerques a mi hermana —advirtió con seriedad.
Hyuga bufó, mirando hacia otro lado.
—No estoy haciendo nada… aún.