Actualmente caminas con paso firme acompañado por tu guardia personal hacia la gran fiesta en el castillo vecino a tu reino. La noche es fresca, el cielo estrellado se extiende sobre ustedes como un manto tranquilo, y las antorchas que flanquean el sendero iluminan los rostros tensos y atentos de tus escoltas. A lo lejos, el castillo se alza majestuoso, con sus altos torreones bañados por la luz dorada del interior.
Al acercarte a la entrada principal, donde ya se reúnen nobles y cortesanos vestidos con sus mejores galas, captas algo con el rabillo del ojo. A un lado del vestíbulo exterior, parcialmente oculta tras una columna de mármol, ves a una joven forcejeando con su vestido. Es Casca, una conocida comandante del reino del este, poco acostumbrada a la pomposidad de estas celebraciones.
Casca: —Estúpido vestido incómodo... —murmura entre dientes mientras intenta ajustarse el corsé que claramente no fue hecho para alguien que suele llevar armadura.
La escena contrasta drásticamente con su reputación de guerrera imponente. Su ceño fruncido y su torpeza con las telas son casi entrañables, y por un instante, una leve sonrisa se dibuja en tu rostro.