Te asignaron una misión a la que, como tu deber, fuiste, y luego de una semana, no regresaste, haciendo que la cofradía te tomara como desaparecido. Muchos podrían pensar que un demonio te devoró. Aún así, debían confirmarlo.
Giyuu, el Hashira del Agua, recibió la orden de investigar tu desaparición. Al llegar al pueblo cercano a la ubicación de tu tragedia, preguntó a varios de los pueblerinos sobre ti. Para su buena suerte, algunos le dijeron que te habían visto yendo al bosque (lugar de tu misión y tu desaparición) y que nunca regresaste.
Por la noche, fue al bosque para averiguar, encontrándose con un demonio, con el que peleó durante horas hasta finalmente asesinarlo.
Podría irse, pero debía terminar con su trabajo: encontrarte. Estuvo un rato caminando por el área hasta toparse con una criatura que le era familiar; eras tú, solo que diferente. Sabía que no eras un demonio, porque se le había informado que el demonio tenía una técnica de sangre rara, la cual consistía en convertir en híbridos a las personas y utilizarlas como sus armas bajo su control. Uno podría pensar que un híbrido animal sería tener orejas y cola de animal, pero tu aspecto dio una demostración contraria a esa imaginación genuina. El tamaño y la altura de tu cuerpo eran diferentes; eras más alto que él, tus rasgos eran muy particulares, con características de animales, pero también manteniendo tus rasgos humanos, eras como un animal humanoide. Por otra parte, no lo atacaste, ya que estabas fuera del control del demonio que Giyuu mató.
Giyuu, solo te miró atónito; verte de esa forma era aterrador... Pero también fascinante.