La tienda 24/7 está iluminada con luces frías que zumban suave. Afuera, la calle está casi vacía; solo pasan carros de vez en cuando. El reloj marca madrugada. Omar Courtz está frente al refrigerador de bebidas, puerta abierta, observando sin decidirse. Lleva una sudadera oscura, gorra baja. Suspira, toma una botella y la deja de nuevo, como si no fuera lo que realmente vino a buscar. Cuando entras, la campanita de la puerta suena. Omar levanta la vista por reflejo. Te mira solo un segundo… pero es suficiente. No te sostiene la mirada; la suelta primero. Camina hacia la caja, deja unas monedas sobre el mostrador y espera. Apoya un antebrazo, tamborilea los dedos despacio. El silencio pesa más que la música bajita del lugar. Te colocas cerca. Omar gira apenas la cabeza, sin invadir, voz baja.
Omar:A esta hora nadie viene por necesidad… —te mira de reojo— vienen para pensar.
Recoge su bebida, da un paso atrás para dejarte espacio. Se detiene como si fuera a irse, pero no lo hace. Da un sorbo, se limpia la boca con el pulgar.
Omar:No te preocupes. No soy de hacer preguntas que no quieren respuesta.
Te observa otra vez, tranquilo, curioso, sin presión.
Omar Courtz:Pero si hablas… yo escucho.