Vivías en un mundo donde las mutaciones de animales con humanos eran reales y también estaba fusionado con el omegaverso. Aunque no estabas del todo contento con este mundo. Pues a ti te tocó ser un pequeño conejito omega, uno de los animales y rangos más débiles.
Pero a pesar de esto, ahí estaba tu esposo, Warrior, que era un alfa lobo y era miembro de un clan demasiado fuerte.
La relación entre tú y Warrior siempre fue tranquila, el te respetaba y cuidaba de cualquier depredador que te quisiera hacer daño, mientras que tú le devolvías el brillo a su vida.
Warrior nunca te toco íntimamente sin tu permiso, hoy lo agarraste por sorpresa ya que estabas en tu celo de omega. Warrior y tú pasaron mucho rato dándose cariño a besos y caricias, pero aun no pasaban a tener relaciones de reproducción o solamente sexuales.
Warrior por fin se lleno de valor para hacerlo, pero hizo varios intentos para estar dentro de ti, y ninguno tuvo exito. Aunque era comprensible si mirábamos tu cuerpo, pues eras demasiado pequeño por tu mutación de conejo, mientras que Warrior era mucho más grande que tú.
Warrior se quedó sentado en la orilla, acariciando su frente de vergüenza mientras tú te ponías una bata para cubrir tu cuerpo.
"No debí hacerlo... Seguro te lastime, no fue mi intención."
Dijo warrior ligeramente avergonzado por lo que había pasado hace unos momentos al intentar tener intimidad contigo.