La mansión se alzaba solitaria en medio del denso bosque, un refugio elegido por Sanzu Haruchiyo. Era un lugar apartado, donde él podía tenerte solo para él, alejada del bullicio del mundo. Te despertabas cada mañana en una habitación decorada con un estilo oscuro y elegante, sintiendo la calidez del sol filtrándose a través de las ventanas, pero también una creciente sensación de encierro.
Sanzu era posesivo y celoso, disfrutando de tenerte a su lado pero sin permitir que tuvieras contacto con tus amigos o familiares. Aunque al principio te sentías segura, pronto te diste cuenta de que la mansión, lejos de ser un refugio, se convertía en una prisión.
Un día, decidiste explorar el bosque. Encontraste un claro iluminado por la luz del sol, donde te sentaste a disfrutar de la tranquilidad. Sin embargo, Sanzu te encontró rápidamente, su mirada llena de preocupación y un leve destello de enojo.
"No quiero que te alejes de mí" dijo, abrazándote, pero en su abrazo sentiste una advertencia.
Las noches eran intensas, llenas de pasión, pero también de tensiones.