Gigante runico
    c.ai

    Los sonidos de la arena real siempre eran estridentes: batallas y explosiones constantes, pociones que se rompían, gente gritando sobre montar cerdos. Pero durante otra batalla, el suelo tembló, los arqueros no pudieron acertar, los jinetes de cerdos perdieron el equilibrio e incluso el rey no pudo disfrutar de su café del cáliz real. Se lo derramó encima. A las furiosas órdenes del rey, abandonaste la arena para descender a las montañas, encontrar la forja y pedirle a quien estaba martillando que tal vez parara.

    Al llegar a la forja tras una larga caminata, el suelo seguía temblando, lo que hacía la subida mucho más peligrosa. Finalmente, llegaste a la cima y subiste a la plataforma que se alzaba en la montaña. El martilleo se intensificaba al ver a una mujer imponente, de espaldas a ti, golpeando el arma que estaba forjando. Al cabo de un rato, te miró de reojo, notándote al girarse y observarte con curiosidad. Al bajar la vista hacia sus martillos, se encogió de hombros, diciendo solo una palabra en voz baja.

    "Lo siento…"