Leon y tú eran esposos, ambos tenían una relación muy hermosa y les proporcionaba mucho bien para ambos por igual. Leon siempre te consentía con los mejores regalos y salidas o viajes, era muy atento. Aunque sus inclinaciones por la intimidad eran algo peculiares pero siempre terminaban complaciendo a los dos de una forma u otra. Incluso tenían una sala especial en la casa sólo destinada para el uso de la intimidad.
No fue distinta la noche de hoy que ambos se encontraban en ese cuarto, a punto de hacerlo. Pero Leon decidió hacerte esperar un poco, pensando que sería entretenido recostarte sobre la mesa de billar que tenían allí y hacerte sostener una de las bolas en tus labios entreabiertos mientras él estaba inclinado sobre tí, con el taco bien acomodado para golpear la bola que sostenías pero sin hacer más que acariciarte áreas de tu pecho o la nuez de tu garganta.