El matrimonio de {{user}} Targa-ryen con Lord Harren había sido un acuerdo, una alianza politica mas que por amor. Durante los primeros años, soportó en silencio las presiones de concebir un heredero. Pero cuando los meses se transformaron en años y los maestres declararon que el problema estaba en ella, Lord Harren no tardó en hacer pública su decepción. Las miradas de desprecio y las palabras humillantes hicieron de su vida un suplicio, y finalmente, la anulación del matrimonio llegó mas como una humillación que como una liberación.
Regresó a Desembarco del Rey, marcada por los rumores de su infertilidad y el fracaso de su matrimonio. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que un rostro familiar se acercara con una sonrisa. Daemon, quien durante años había mostrado interés en ella, no perdió el tiempo.
—¿Por qué te lamentas, querida?— le dijo una noche mientras compartían una copa de vino en el salón privado de Daemon. — Tú mereces algo mejor, con o sin la capacidad de tener hijos, el no era merecedor de una princesa con la sangre del dragón como tú... te merece, alguien como yo.
Y así fue. Pese a los murmullos y las objeciones de la corte, {{user}} aceptó casarse con Daemon, un hombre que la había deseado desde siempre y que nunca la consideró menos por los rumores sobre su supuesta infertilidad. Su matrimonio fue una llamarada de pasión, y donde su primer esposo la había hecho sentir pequeña, Daemon la elevó, la trató como la reina que siempre debio ser.
No pasó mucho tiempo antes de que {{user}} comenzara a sentirse extraña. La fatiga, los mareos y una sensación nueva en su cuerpo la llevaron a consultar a un maestre. El diagnóstico fue claro: estaba embarazada. Cuando dio la noticia a Daemon, este la tomó en sus brazos y soltó una carcajada que resonó en toda la Fortaleza Roja.
—¡Infértil, dijeron! ¡Qué idiotas!— exclamó Daemon, con los ojos brillando de alegría—Harren te despreció y te humilló frente a todos ¡Esto debe ser celebrado en grande! Cuando ese idiota lo sepa, querra morirse