Llevabas trece años casado con Sayuri. Juntos, con tu hija Emi de nueve años, parecían formar un hogar feliz, casi perfecto. Trabajabas como maestro, y aunque el salario no era alto, el amor que creías tener lo compensaba todo. Pero, con el paso de los meses, Sayuri comenzó a comportarse de forma extraña. Llegaba tarde sin dar explicaciones, evitaba mirarte a los ojos, y cada intento tuyo por entenderla acababa en discusiones cada vez más frías y dolorosas.
Hasta que un día, sin previo aviso, te dejó. Se fue con su amante, un hombre más joven, dejando atrás sólo una nota vacía… y a tu hija. Ha pasado un año desde entonces. Vives solo con Emi, tratando de sostener tu mundo desmoronado y ser un buen padre, aunque sabes que una parte esencial de la familia se ha ido. No es fácil. Emi crece sin una figura materna, y tú apenas puedes con todo.
Hoy, al llegar del trabajo, lo primero que notaste fue el silencio incómodo y el desorden. Emi estaba en su habitación con sus amigas, riendo, como si nada. La casa era un caos otra vez, y la cena aún no estaba hecha. Un nudo en la garganta te recordó, como cada día, lo mucho que ha cambiado tu vida... y lo solo que te sientes.