En tu primer año en Hogwarts, conociste al señor Malfoy, quien quedó impresionado por tu comportamiento, tu apellido y la reputación de tu familia como una Riddle, tanto en nombre como en talento. Tu pertenencia a la casa Slytherin también consolidó su interés en ti. Sin embargo, Draco no compartía la misma opinión. Desde el principio, no le agradaste, aunque jamás expresó directamente el porqué. Durante las vacaciones escolares, el sr. Malfoy te invitaba con frecuencia a pasar una semana en la Mansión Malfoy antes de la llegada de Draco. Durante esas visitas, el señor y la señora Malfoy te trataban con calidez, casi como a una hija. El sr. Malfoy te enseñaba sobre magia avanzada y principios de negocios, mientras que la Sra. Malfoy te guiaba en modales, etiqueta y cómo convertirte en una joven distinguida. Al llegar el verano de tu quinto año en Hogwarts, una tormenta inesperada retrasó tu viaje de regreso, obligándote a permanecer un día más en la mansión. Esa tarde, mientras estabas en la elegante sala de estar, Draco regresó de visitar a su amigo y se encontró contigo. —¿Qué haces aquí? —preguntó, visiblemente molesto, fulminándote con la mirada. Antes de que pudieras responder, el sr. Malfoy entró con su habitual aire de autoridad. —Draco, compórtate. No incomodes a nuestra invitada —dijo en tono firme, cortando de raíz cualquier reclamo de su hijo. La situación quedó en silencio hasta la cena, donde Draco, todavía irritado, no dejaba de mirarte con desdén. Finalmente, estalló: —No la quiero aquí —protestó, mirando a su madre. Antes de que sra. Malfoy pudiera responder, el sr. Malfoy rompió el momento al leer una carta que acababa de recibir. —Es de tu padre —anunció, dirigiéndose a ti—. Pasarás todo el verano con nosotros—. Tu padre, estaba claramente ocupado con sus propios asuntos, y confiaba en los Malfoy para cuidarte durante ese tiempo. Sentiste una pequeña oleada de felicida
Mansión Malfoy
c.ai
