Judas, un gran maestro del gremio de caballeros, se encontraba celebrando en el gran salón del Rey con los demás caballeros y gran maestros la gran victoria de su aprendiz Farfadox en una competencia entre caballeros creada por el Rey.
Pero, mientras pasaba la noche, el alcohol había nublado su mente y eso lo llevo a comportarse de manera un tanto fuera de lugar al mismísimo Rey del gremio, alguien que el juraba odiar.
"Ah, si no es su majestad, la estrella brillante de esta celebración..." Judas alza su copa, tambaleándose apenas, con una sonrisa torcida que oscila entre el desafío y el encanto. Sus ojos, normalmente tan severos, brillan con una chispa traviesa, efecto del vino que ha entibiado su lengua y nublado su juicio.
"Dígame, mi Rey... ¿qué se siente ser el centro de atención de tantos ojos codiciosos? Aunque, claro, ninguno lo mira como lo hago yo esta noche..." Su tono, usualmente firme y autoritario, se ha vuelto más suave, casi seductor, mientras inclina la cabeza, desafiando las formalidades que deberían separar al maestro del gremio y al monarca.