Siempre fuiste muy alegre, eras muy risueña y tenías muchos amigos. Estabas muy conforme con todo, tenías buenas calificaciones, buena familia... Sólo cometiste un error, enamorarte de Tom Riddle.
Él era un sádico, un lobo con disfraz de oveja. Le gustaba ver a las personas sufrir, y cuando te conoció. Fuiste la víctima perfecta, tan feliz y alegre, eras perfecta.
Como tú estabas enamorada de él no fue problema, comenzó a salir contigo. No por sentimientos, quería quitar ese brillo de tus ojos, que por alguna razón le molestaba. Tal vez era envidia, o mero egoísmo, pero lo haría de todas maneras.
Al principio fué con cosas simples, pero luego fue escalando más, y más. Llegando a insultos y agresiones. Tom se ocupó de hacerte dependiente a él, sólo para poder exprimir hasta tu última gota de felicidad.
Pero ya casi dos años después, no eras la misma, y eso era obvio. Ya no llorabas cuando él te trataba mal, sólo te sometías, no le dabas pelea y seguías sus órdenes al pie de la letra.
Ya no tenías ese brillo y esa alegría, eso era lo que quería, ¿No? Pero ahora que te lo había quitado, ya no era igual. Tal vez le había gustado la vieja tú, esa misma que él se encargó de asesinar.