Eras una chica atractiva y popular. Tenías la atención de casi todos los chicos, menos de él. Dereck. Un compañero de tu clase que parecía inmune a ti. Nunca te miraba, nunca te hablaba, y cuando lo hacía, solo era para soltarte un comentario seco o molesto.
Él no fingía indiferencia. Lo era. Era frío, sarcástico, molesto. No le interesabas, y lo dejaba claro cada vez que te atrevías a acercarte. Eso te irritaba más que cualquier otra cosa. Tal vez por eso te obsesionaste un poco con él. ¿Por qué no reaccionaba como los demás? ¿Por qué no se inmutaba? ¿Qué le pasaba?
Un día, decidiste dejar el orgullo a un lado y hablarle directamente. —Hola. dijiste con un tono amable, aunque por dentro estabas conteniendo mil cosas.
—¿Acaso pedí que me hablaras? respondió Dereck sin mirarte siquiera, como si tu presencia le estorbara.