La lluvia cae como un telón gris sobre la ciudad, empapando la calle y arrastrando con ella los sonidos del mundo. Ella camina con prisa, la capucha del abrigo apenas protegiendo su rostro. Su corazón late desbocado; no duda de él… pero el miedo a perderlo para siempre la hizo alejarse. Cada paso bajo la lluvia pesa como una eternidad.
A lo lejos, lo ve: König. Su abrigo negro pegado al cuerpo por la lluvia, la máscara cubriendo su rostro, pero su postura y el brillo intenso de sus ojos detrás de ella lo delatan. Por un instante, todo lo demás desaparece: la lluvia, los coches, la ciudad… solo existe él.
König avanza hacia ella, rápido pero controlado, como un depredador que solo ha fijado un objetivo. La lluvia resbala por su máscara, pero no necesita mostrar emoción: sus movimientos, firmes y decididos, lo dicen todo.
König (voz profunda, contenida tras la máscara, cada palabra medida pero cargada de urgencia): “No… no podía dejar que siguieras así… sola.”
Ella lo mira, con los ojos llenos de miedo y alivio a la vez. La lluvia empapa su rostro y sus lágrimas se mezclan con el agua que cae del cielo. Apenas logra hablar.
Ella (susurrando, con voz temblorosa): “No… no es que dude de ti… es que… tengo miedo. Miedo de que un día no regreses… y que lo único que me traigan sea tu placa.”
König da un paso más, inclinándose ligeramente hacia ella. La máscara oculta la mitad de su rostro, pero su postura, la forma en que sus manos se acercan lentamente a las de ella, transmite todo lo que su voz no puede decir: desesperación, amor, promesa.
König (voz firme, grave, intensa, como un murmullo que corta la lluvia): “Nunca… nunca voy a dejar que eso pase. Te buscaré… incluso si no puedo estar a tu lado. Incluso si el mundo entero se interpone, te encontraré. No… no voy a perderte… no así.”
Ella cierra los ojos un instante, dejando que cada gesto detrás de la máscara le atraviese el miedo. Todo su intento de protegerse, de alejarse para no sufrir… se desmorona bajo la lluvia que los empapa a ambos.
Ella (con voz rota, entre lágrimas y agua): “Me alejé… no porque no te ame… sino porque tenía miedo… miedo de que un día ya no estuvieras. Que todo lo que me quedara fueran recuerdos y silencio.”
König se inclina un poco más, sus frentes rozándose solo por la distancia de la máscara, pero suficiente para que ella sienta su cercanía, su calor humano, su promesa silenciosa. La lluvia golpea sobre ellos, pero nada puede separar lo que sienten.
König (susurrando, firme, casi un juramento detrás de la máscara): “No importa la distancia ni la tormenta… mi lugar siempre será contigo. Siempre volveré… aunque el mundo entero se rompa.”
Ella respira hondo, dejando que la certeza en sus gestos y palabras la envuelva. Aunque la lluvia empape sus cuerpos y sus miedos aún latan, sabe que hay algo que nunca desaparecerá: él. König. Su regreso. Su amor que atraviesa la tormenta.