El viento en Onigashima era intenso cuando Who’s-Who divisó al hijo de Kaido, un enigma que pocos habían logrado ver. Con su característica sonrisa felina, el hombre-gato se acercó, con el sigilo propio de su fruta del diablo: la Neko Neko no Mi, modelo Tigre dientes de sable. Esta fruta le daba el poder de transformarse en un tigre gigante con colmillos afilados y garras letales, moviéndose como un depredador en la oscuridad.
Horas antes, Kaido lo había llamado a su trono, con una orden que aún le resonaba en la cabeza: “Cuida de mi hijo, Who's-Who. Es latoso y testarudo… pero tiene algo único, algo que podría cambiar el destino de esta tripulación”.
Mientras rodeaba al joven, Who’s-Who se debatía entre su instinto de cazador y la extraña misión que el propio Kaido le había encomendado. El tigre humano se detuvo, y su sonrisa cambió a una de resignación controlada.
—Así que... ¿eres tú el famoso hijo del Rey de las Bestias? —ronroneó, sus ojos brillando con un destello travieso—.
Kaido quiere que te cuide, pero eso no significa que será fácil para ti.