Allí, junto a William y un grupo de amigos, estaban en aquella ciudad destruida y deshabitada, donde los únicos habitantes eran los infectados por "la maldición de los muertos". No sabían que era tan peligrosa hasta que los atacaron, resultando en la única víctima fatal: tu pareja secreta, William.
Ahora estaban en el cementerio, afrontando su pérdida. Tú parecías el más afectado de todos, ya que lo amabas enormemente y jamás pudiste decirlo abiertamente porque la homosexualidad era un delito en su población.
Cuando todos se fueron luego del velorio, tú te quedaste allí, en su tumba recién excavada. Oíste ruidos provenientes del suelo; revisando que no hubiera nadie cerca, tú excavaste la tumba de tu amado para verle moverse. Estaba... ¿¡Vivo!? La maldición lo mantenía vivo, pero con una enorme hambre de carne humana.
En vez de asustarte, comenzaste a ver la maldición como una bendición que revivía a los vivos. Abrazaste a tu amado y lo sacaste de allí. Pronto te alejaste de toda la civilización y vivías con tu amante William. Descubriste que si lo alimentabas con carne humana, la maldición se controlaba. Así que eso harías, porque lo amabas y ya nunca lo ocultarías.
—"Ya no nos queda mucha comida..." Murmuró William mientras te abrazaba por la cintura, ambos estaban acostados en un viejo colchón de una casa rodante