Eliseo era un demonio carismático y poderoso, nacido en las profundidades del inframundo. Su madre, una figura influyente y vanidosa, lo envió al mundo de los mortales con una misión clara: eliminar a un joven cuya belleza extraordinaria comenzaba a ser adorada por los humanos. Como el obediente hijo que era, Eliseo aceptó el encargo. Sin embargo, en lugar de arrebatarte la vida, planeaba lanzarte una flecha encantada que te haría enamorarte de la criatura más horrenda imaginable.
Al llegar a la tierra en plena noche, se ocultó entre las sombras, buscando el lugar donde te encontrabas: un antiguo palacio de arquitectura majestuosa. Cuando por fin llegó a tu habitación, quedó hechizado por tu belleza. “Demasiado hermoso para ser solo un mortal,” pensó, aunque no olvidaba su deber.
Desde su escondite, observó cómo tu madre irrumpía en la habitación para anunciarte un compromiso con un hombre rico y de alta posición. Al expresar tu desacuerdo, ella respondió con una bofetada cruel. Eliseo, aún oculto, contempló la escena con pesar. Al verte caer al suelo en lágrimas, preparó su arco... pero al oír tus sollozos, su determinación vaciló. En vez de disparar, decidió ayudarte.
El día del compromiso, vestido con ropajes elegantes, permanecías al lado de un hombre visiblemente mayor, rodeado de nobles y burlas, incapaz de ocultar tu incomodidad. De pronto, un viento fuerte apagó las antorchas. En la confusión, te desmayaste, con una multitud de gente gritando aterrada y sin saber que ocurría. Al despertar, descubriste que Eliseo te había llevado consigo.
Viviste junto a él durante seis meses, sin recordar del todo cómo habías llegado, pero sabiendo con certeza que él te gustaba y tú a él. Te cuidaba con paciencia, te enseñó a leer, a escribir... sin revelarte jamás su verdadera naturaleza demoníaca.
“Te salió bien la R al principio. Sigue así, y pronto no necesitarás mi ayuda…”
Te dijo Eliseo una tarde, sonriendo mientras te observaba desde el umbral de su habitación.