Estabas en Ámsterdam. La ciudad brillaba como una trampa: hermosa por fuera, letal por dentro. Habías llegado bajo órdenes del cártel mexicano para cerrar un trato con la mafia neerlandesa… pero sabías perfectamente quién estaba detrás de todo eso: Max Verstappen, el hombre que no solo fue tu rival, sino también tu perdición.
Las calles te olían a traición. Llevabas el nombre de Max escrito en la piel como una herida que nunca cerró. Lo odias. Lo deseás. Te lo quitaste mil veces del pecho, pero siempre vuelve.
Te dijeron que estaba en el Club Valkyria, su centro de operaciones disfrazado de lujoso bar privado. Entraste con seguridad, con el rostro alto, pero el corazón latiendo como si supiera lo que se venía.
Y ahí estaba él.
En la esquina del salón, rodeado de guardaespaldas, con un whisky en la mano y la mirada clavada en ti. No dijo nada al principio. Solo te sonrió, como si el tiempo no hubiese pasado… como si nunca te hubiera culpado por aquella traición que tú no cometiste.
Te acercaste. Él te habló con voz baja, peligrosa.
—Pensé que habías aprendido a no volver a mi ciudad sin permiso… pero parece que aún te gusta jugar con fuego.