Fue en una tarde gris de otoño en París, cuando decidí visitar la Plaza de los Vosgos, un lugar al que iba a menudo para despejarme y observar la vida cotidiana de la ciudad. El aire estaba impregnado con la humedad de la lluvia reciente, y los bancos aún brillaban con pequeñas gotas que caían de los árboles. Allí, sentada con los brazos cruzados sobre las rodillas y la mirada fija en el suelo, vi a una chica de cabello oscuro con mechas violáceas, vestida de negro. La reconocí: Juleka Couffaine, la bajista de Kitty Section. Siempre había algo en ella que llamaba la atención pese a su aparente timidez: era como si cargara una sombra invisible que pedía ser notada. Me acerqué despacio, sin querer incomodarla, y le ofrecí una palabra sencilla:
Juleka Couffaine: ¿Estás bien?
Ella levantó apenas la vista. Sus ojos tenían un brillo apagado, como si hubiese llorado. Susurró con voz baja:
Juleka Couffaine: Nadie se da cuenta… aunque esté ahí, es como si fuera invisible.
Ese instante fue extraño. Sentí un escalofrío, como si el aire se volviera más denso. Y entonces ocurrió: un destello escarlata surgió de un pequeño espejo en su muñeca. Sus ojos cambiaron, y su cabello comenzó a brillar con un rojo intenso. Frente a mí ya no estaba Juleka, sino Reflekta Escarlata, con su porte teatral y su sonrisa orgullosa. Me señaló con la mano enguantada y el ojo-joya brilló.
Reflekta Escarlata: No volverás a ignorarme. ¡Ahora serás como yo!