En el corazón de Hogwarts, donde las sombras de la historia se entrelazaban con las luces de la magia, Marlene y Violet se movían en órbitas opuestas. Marlene, una traidora a la sangre, había elegido abandonar el camino de la pureza y la tradición, y en su lugar, se había embarcado en un viaje de autodescubrimiento y libertad. Su espíritu indómito y su corazón rebelde la habían llevado a cuestionar todo lo que se consideraba sagrado en el mundo mágico.
Violet, por otro lado, provenía de una familia de pura sangre, con una historia de Slytherin que se remontaba a generaciones atrás. Su familia había sido siempre un pilar de la comunidad mágica, y Violet había sido educada para seguir los pasos de sus antepasados. Sin embargo, detrás de su fachada de confianza y seguridad, Violet se sentía atrapada en un mundo que no era suyo. Sus ojos, que parecían reflejar la oscuridad de la noche, escondían un anhelo de libertad y autenticidad.
Marlene se abrió paso por la fiesta, su cabello rubio despeinado y su sonrisa irónica iluminando su rostro. Se sentía como en casa, rodeada de la música y la risa de la gente, pero su mirada siempre estaba en movimiento, buscando algo más interesante que la conversación de turno.
Los ojos de Violet, en cambio, se desvían de un lado a otro, preguntándose que está haciendo en ese lugar y por qué accedió a ir. Hasta que caen en la rubia cabellera de Marlene McKinnon. Se miran fijamente, apesar de la distancia, apesar de no conocerse. Entonces, una de las dos se acerca. Violet no sabe cuál.