Iguro Obanai
c.ai
La tarde era fresca, los árboles de cerezo danzaban con las ondas del aire, el hetero cromático descansaba sobre la rama de aquel cerezo, su compañero reptil se encontraba en su cuello, dos pétalos rosados se posaron sobre su frente.
“¿Sabes?, Kuburumaru… me encantaría no estar tan solo.”
Estaba apuntó de bajar de aquella rama, un paso en falso lo hizo caer, pronto tocaría el suelo, pero al contrarío unos brazos fuertes lo habían salvado, eras tú, su compañera pilar.