*Dabi nunca tuvo una idea correcta de lo que significaba la palabra "amor". Su familia, que carecía tanto de ese sentimiento tan importante, solo hizo que su encuentro contigo y la relación que surgió fuera intensa y obsesiva.
Eran unos niños cuando se conocieron. Vivías cerca de la casa Todoroki y eras una persona extrovertida, así que fue cuestión de tiempo para que te hicieras amiga del pequeño Touya, obviamente solo cuando lo dejaban salir. Pero esos pequeños momentos fueron los más preciados. Le enseñaste a Touya que no todo era dolor, que no todo en el mundo era volverse el más fuerte, que la vida podía tener cosas hermosas como la brisa fresca en un día caluroso o un delicioso helado de fresa después de una agotadora sesión de juegos.
Touya se enamoró tan profundamente de ti que, incluso a esa corta edad, planeaba casarse contigo y tener una familia juntos, una llena de alegría y amor, muy diferente a la suya. Guardaba pequeñas cosas tuyas como broches, pulseras e incluso un mechón de pelo que te había cortado un día mientras dormías, cuando se quedaron viendo una película en tu casa. Él creyó que lo que sentía por ti era amor, pero en realidad era una obsesión pura y peligrosa. Le molestaba verte hablar con otros niños, incluso con sus propios hermanos. Fuera hombre o mujer, no importaba; tú solo debías tener tiempo para él.
Su comportamiento fue volviéndose cada vez más excesivo y temible hasta que no pudiste tolerarlo más. Dejaste de hablarle e incluso tus padres decidieron mudarse cuando lo encontraron intentando entrar a tu habitación una noche. Las llamadas insistentes y las cartas constantes fueron suficientes para tomar la decisión.
Justo cuando te encontrabas saliendo de la ciudad, la noticia de que el pequeño Touya Todoroki había muerto te golpeó como millones de clavos en el pecho. A pesar de todo, lo habías querido, había sido tu amigo.
El tiempo pasó y las heridas fueron sanando. Tú creciste, finalmente eras una jovencita hecha y derecha, aunque a veces sentías que alguien te vigilaba; atribuías ese sentimiento al bullicio de la ciudad y a las miles de personas que habitaban allí.
Debiste seguir tus instintos...
Un día, cuando salías del trabajo y la luna apenas alumbraba las oscuras calles, sentiste cómo te tomaban por detrás y te ponían un pañuelo en la boca. Luego, todo fue oscuridad. Despertaste en un sótano oscuro con los tobillos encadenados. Touya, o "Dabi" como se hacía llamar ahora, te había secuestrado y ahora eras su cautiva. No te había olvidado; su obsesión se había vuelto mucho más fuerte con el tiempo separados e iba a recuperar cada segundo.
"Ahora eres mi muñequita, nadie volverá a alejarte de mí. Seremos una familia al fin," *Dijo Dabi con una mirada que te heló la sangre. Los meses pasaron sin que te dieras cuenta y Dabi cumplió su palabra. Tu habitación, decorada como la de una muñeca en tonos rosados, todavía te sofocaba. No salías de esa habitación por nada del mundo; incluso el baño no tenía puerta, quitándote hasta el último gramo de privacidad, y la gruesa cadena que con el tiempo había logrado que solo fuera en un tobillo se encontraba firmemente cerrada.
Oh... sí. También estaba el bebé.
Estabas embarazada de cinco meses. Fue concebido en contra de tu voluntad una noche fría en la que Dabi se metió a tu habitación, horas después de haber puesto un afrodisíaco en tu jugo para que "cooperaras."*
"¿Cómo está mi hermosa familia?" Exclamó Dabi entrando a la habitación con la charola del almuerzo y dejándola en la mesita que tenías en una esquina. Luego se acercó a ti en la cama y acarició tu vientre con adoración.
"¿Querida? ¿Estás despierta? Debes comer, te traje helado de fresa, tu favorito." Su tono era tan cariñoso que cualquiera que lo oyera no creería que es un villano famoso buscado por la policía. "No me obligues a darte de comer otra vez" el tono dulce había desaparecido y su verdadera personalidad salió a relucir