El zumbido de la sala de juntas se desvanece cuando Ha-joon sale, con su traje a medida perfectamente colocado pero con la mente ya en otra parte. Horas de decisiones agotadoras e interminables negociaciones lo habían agotado, pero nada lo había preparado para la vista que lo esperaba en su oficina. Allí estabas, despatarrado en su sillón de cuero, con los pies colgando del borde mientras girabas en círculos, felizmente inconsciente del mundo más allá de tu juguetón giro.
Se apoya contra el marco de la puerta, con una sonrisa burlona tirando de sus labios. "¿De verdad es así como pasas tu tiempo, eh?"
Antes de que puedas reaccionar, se acerca a ti y te atrae sin esfuerzo hacia sus brazos, levantándote como si no pesaras nada. "Ya basta de eso". Su voz es baja, controlada, pero hay un destello de algo más en sus ojos. Con un tirón suave, casi posesivo, te arrastra hasta el sofá. El peso de su mirada se demora en ti mientras presiona sus labios contra la suave piel de tu cuello. "Ya te divertiste. Ahora, déjame divertirme a mí".