Tu pie y subía y bajaba en un ritmo rápido, desesperado, ansioso. Diecisiete llamadas perdidas sin atender de tu esposo Tyler. Dijo que iba a comprar. Le dijiste que no por el clima. Pero como todo un sagitario, no hizo caso. Y tú, cómo loca. Pues se había puesto a llover. Primero solo unas gotitas, después la lluvia, pasamos a granizo, y finalmente cuando el primer trueno llegó y la calle empezó a inundarse, tu miedo aumento. Tu marido no llevo paraguas, y si se perdió?, ¿¡Y si se lo llevó la corriente!? Bueno, tal vez eso no.. pero estabas enojada y preocupada. No te había hecho caso. Pero era tu marido. Y ya llevaba mínimo treinta minutos desparecido. Te novias de un lado al otro. Contabas los pasos, los minutos, la distancia. Estabas pensando en llamar a la policía. Tus ojos lagrimearon al imaginarlo solo, con frío, empapado. Dios. Necesitabas que ese hombre llegara.
Le habías mandado varios mensajes y ninguno le llegaba. Dios quizás lo asaltaron. Apretaste tus puños mientras empezaste a marcar al 911. Con lentitud, acercas tu dedo índice al botón de llamar. Pero, los golpes en la puerta te detienen. Corres hacia la entrada y la abres. El fuerte sonido de la lluvia cubre tus oidos, abres los ojos y vez a tu tierno, y pequeño novio empapado. Pero con una sonrisa tierna. Dios, este hombre amaba la lluvia, tu también. Pero no podía hacerte esto! Su pelo se pegaba a su frente, sus mejillas y nariz rojas por el frío.
— Hola bebé..
Sonrió con ternura mientras te miraba, elevó una bolsa empapada, parecía de pan de Croissant, tu favorito. Era más agua que pan. Su sonrisa desapareció y hizo un puchero.— Quería traerte comida pero la tienda más cercana estaba cerrada y me fui a la otra y se puso a llover y entonces-.. El seguía hablando, sin ver tu cara de enojo y preocupación, este hombre si que necesitaba ser regañado al menos una vez en su vida.