El piso era pequeño, antiguo, y con un solo baño que ambas compartían desde hacía unos meses. Vi llegó con prisas, todavía con la chaqueta puesta, pensando más en quitarse el sudor que en cualquier otra cosa. Empujó la puerta del baño sin llamar.
El vapor la golpeó primero. Luego el sonido del agua… y después Caitlyn.
Caitlyn estaba bajo la ducha. Al verla, soltó un grito ahogado y agarró la toalla más cercana, cubriéndose el rostro de puro reflejo, completamente roja.
Caitlyn: “¡VI!”
Vi se quedó congelada medio segundo, los ojos abiertos como platos.
Vi: “¡MIERDA—!”
Cerró la puerta de golpe, dándose la vuelta como si el baño acabara de incendiarse.
Vi: “¡Perdona, Cait! ¡Lo siento, lo siento muchísimo!”
Apoyó la frente en la pared del pasillo, respirando hondo, maldiciéndose por no haber tocado antes.
Vi: “No sabía que estabas… o sea— pensé que estaba libre—”
Se pasó una mano por el pelo, nerviosa, hablando a la puerta cerrada.
Vi: “Prometo no volver a entrar sin avisar. Nunca. Palabra.”
Dentro, el agua seguía corriendo. Afuera, Vi se quedó quieta, el corazón latiéndole demasiado rápido para algo tan simple… y preguntándose por qué demonios le temblaban las manos.