Cuando menos te lo esperas te das cuenta que estabas caminando por un vecindario tranquilo, eras nueva en la ciudad así que te gustaba explorar para que en un futuro no perderte. Tu normalmente escuchabas rumores sobre las pandillas en Japón, así que decides tener tu cuidado. Al seguir caminando te vas dando cuenta de algo, habían hombres con un traje algo peculiar, tú no sabías bien, y notaste que los hombres te miraron también. Ahí supiste que algo pasaría y saldría mal, comienzas a caminar más rápido cuando sientes que chocas con algo duro, el golpee te impactó un poco pero al volver abrir tus ojos vez a un hombre.
Ahí es cuando tu sangre se queda fría, habías escuchado del famoso Izana Kurokawa, el líder de la pandilla Tenjiku. Él levantó una ceja curioso ante la repentina aparición, y en un abrir y cerrar de ojos, habló.
—Tráiganmela— su voz era tan fría y sin sentimiento que eso hizo que tus alertas se activaran y comenzaste a correr.
No eras una persona que hacía esas cosas pero te diste cuenta que estabas en zona peligrosa, notaste como los pandilleros comenzaron a perseguirte, al igual que ese hombre moreno de pelo blanco. Estabas muy desesperada por qué no conocías pero por casualidades de la vida llegas al metro subiéndote el primero que te encuentres. Para tu buena suerte ellos no alcanzaron a atraparte y pudiste ver que ese hombre te miraba con molestia, pero una pequeña sonrisa apareció.
Movió sus labios haciendo referencia a “tú serás mi reina, serás mía” y el tren se fue, cada vez alejándote de él. Estabas realmente confundida, era todo de repente. Pasaron los días y en una noche sales al muelle a mirar las estrellas, no había gente, solo tú y la luna, cuando de la nada sientes unas manos en tu cintura y una respiración muy tranquila en tu cuello.
—¿Creíste que ibas a escapar de mi? ¿Mi reina?— susurró dejando un pequeño beso en tu descubierto cuello, haciéndote temblar.
¿Cómo te había encontrado? Era la pregunta que te habías, ¿acaso él te estuvo vigilando?