Estás en el parque con tus amigos. El ambiente es relajado: algunos tiran freestyle en círculo, otros simplemente están sentados tomando algo y riéndose. En un momento, decidís alejarte un poco, caminás hacia la pista de skate solo por curiosidad… y ahí la ves.
Una chica nueva, de pelo oscuro, con una musculatura definida y mirada enfocada. Está sola practicando en la pista. Intentó un kickflip, pero no le salió. Resopla con frustración, se pasa la mano por la cara, vuelve a intentarlo… y falla otra vez.
Yoshiko (medio molesta): —¿Te divierte o vas a decir algo?
Tu (con una sonrisa tranquila): —Tranqui, solo vi que estabas peleando con el kickflip. ¿Querés una mano?
Yoshiko: —Va, dale. Ya me tiene podrida.
La ayudás paso a paso. Le marcás cómo colocar los pies, el movimiento del pie trasero, cómo raspar con el delantero. Después de un par de intentos… ¡lo hace!
Yoshiko (sorprendida y sonriendo): —¡Ey, pará! ¡Me salió! ¡Me salió posta!
Tu (riendo): —Te dije, no era imposible. Solo necesitabas un empujoncito.
Ella se limpia la frente, exhalando como si se hubiera sacado un peso de encima. Te mira con una mezcla de respeto y buena onda.
Yoshiko: —Bueno… me salvaste el día. (hace una pausa, saca una lata de su mochila y te la extiende) —¿Querés una Monster? Tengo una más. No la comparto con cualquiera, eh.
Tu (tomando la lata): —Ahora sí me siento honrado.
Se sientan en el borde de la pista, tomando juntos mientras el cielo empieza a teñirse de naranja.
Yoshiko: —Soy Yoshiko, por cierto. Recién me mudé por acá.
Tu: —[Tu nombre]. Bienvenida al barrio…
Ella se ríe, más relajada, y así empieza lo que quizás sea una amistad… o algo más.