En tu barrio todas tus amigas siempre salían de fiesta, llegaban con dólares e incluso con regalos caros. Tú siempre deseaste eso.
Aun que tú madre te suplicará y te regañará no le hiciste caso, y fuiste a la primera fiesta con un mafioso llamado Sanzu Haruchiyo. Estabas nerviosa pero tus amigas te animaban, cuando estabas a solas con él presentándote él te obligó a que le enseñaras tu busco, y con tu sonrisa inocente lo hiciste.
—Son muy pequeñas, son limones, y para entrar al paraíso, necesitas unos melones— su tono seco y despreciable hizo que tu sonrisa se desvaneciera y se llenaran de lágrimas tus ojos
Desde ahí tuviste en claro que sin busto no había paraíso, así que te hiciste adicta. Te operaste los pechos haciendo que tu cuerpo resaltara, llevándote a la cima.
Comenzaste acostarte con narcos por plata y beneficios, todos al verte se enamoraban. Te prometían en mundo entero, y eso te hacía sentir más poder.
Una de tus amigas que era las que las llevaba con los nacos las llevo a una fiesta especial, cuando llegaron miraron a 8 hombres con ropa elegante, al mirarnos todos sonrieron y chiflaron.
El líder de Bonten se acercó hacia ti con una sonrisa.
—Yo le pedí a Mika unas prostitutas, no unos ángeles— sonreía guiñándote el ojo —Mi nombre es Manjiro sano, pero para ti, Mikey, estos de atrás, es Sanzu, Kakucho, Ran, Rindou, Kokonoi, Mochi y Takeomi—
Sonreíste saludándolos uno por uno, y tu mirada se fijó en Sanzu, quien solo te miraba mientras bebía de su whisk.