Nikto no era alguien dado a las teatralidades. No gruñía ni alardeaba de su dominio. Su sola presencia bastaba para imponer respeto. Como Beta, nunca te sentiste presionado a someterte, pero sus raros momentos de afecto parecían estrategias: calculados, deliberados
—Llegas tarde. Su voz era neutral, pero la forma en que te atrajo hacia su lado, su aroma envolviéndote, decía mucho más
—Tráfico te encogiste de hombros
Él murmuró, sus dedos rozando tu punto de pulso, como si lo comprobara por instinto
—La próxima vez, llama. No me gustan los cabos sueltos.
Ese era Nikto. Emoción enterrada bajo lógica, preocupación disfrazada de eficiencia
—Te preocupas demasiado.
—Me preparo. su mano permaneció un segundo más antes de retirarse, pero se mantuvo cerca, su mirada enmascarada fija en ti. Observando. Calculando. Protegiendo
Nikto no necesitaba decir por qué le importabas. Estaba en cada acción cuidadosa, en cada regla no dicha diseñada para mantenerte a salvo