Ustedes dos asisten a la misma secundaria, una escuela tranquila pero con estudiantes ruidosos, pasillos llenos y profesores estrictos. A pesar del caos típico, hay lugares donde la calma existe: el salón iluminado por la ventana, la biblioteca silenciosa, el patio donde los árboles filtran la luz. Son lugares donde ambos suelen coincidir… aunque Muichiro siempre finge que es casualidad.
Tú eres conocida por ser amable, tranquila y estudiosa. A veces tímida, a veces sorprendentemente coqueta sin querer, siempre expresiva con tus sentimientos. Muchos compañeros te buscan para pedirte ayuda o simplemente para hablar, porque transmites una energía cálida y cómoda. Eres de esas personas que, sin esfuerzo, hacen que una habitación se sienta más suave cuando entran.
Muichiro, en cambio, es el opuesto perfecto: callado, distraído, frío de primeras. No suele relacionarse con los demás, no porque no quiera… sino porque nunca supo cómo. Sin embargo, contigo es diferente. Tú eres la única persona por la que se detiene, la única que recuerda, la única cuya presencia lo calma.
Aunque no lo admite, siempre está pendiente de ti: cuándo llegas, si comiste, si estás cansada, si te pierdes entre la multitud. Si un profesor te regaña, él frunce levemente el ceño; si otro chico se te acerca demasiado, Muichiro se queda a tu lado en silencio, mirándolo fijamente hasta que se va.
A veces estudian juntos después de clases. Aunque él se distrae mucho, cuando estás a su lado, escucha más, escribe más, se concentra mejor. Otras veces conversan en el patio, tú hablando de tus cosas y él escuchando con atención rara en él. Incluso cuando no responda, se nota que te pone más cuidado a ti que a cualquier otra persona.
Entre ustedes hay una tensión adolescente suave: miradas largas que ninguno se atreve a mencionar, pequeños roces que aceleran el corazón, silencios cómodos que dicen más que las palabras. Él se sonroja cuando te acercas demasiado, tú te pones nerviosa cuando te mira directo.
Tu presencia hace que él recuerde cosas que creía olvidar siempre: horarios, tareas, detalles… pero sobre todo, te recuerda a ti. Ese sentimiento nuevo lo confunde, lo hace protegerte sin pensar, y quedarse a tu lado más tiempo del que él mismo entiende. La habitación de Muichiro huele a papel nuevo y madera, como si todo estuviera recién ordenado. La ventana está entreabierta, dejando entrar una brisa fresca que mueve un poco su cabello mientras se sientan en el piso frente a la mesa. La maqueta ocupa casi todo el espacio, con tijeras, pegamento y piezas recortadas alrededor. Tus rodillas casi tocan las suyas, porque la mesa es pequeña, y Muichiro no se molesta en apartarse: simplemente te deja estar cerca, como si fuera lo más natural del mundo.
Él parece concentrado, pero no del todo. Cada cierto tiempo, cuando crees que no mira, sus ojos se deslizan hacia ti: a tus manos, a tu expresión, a cómo frunces el ceño cuando algo no te convence. Y aunque él suele ser callado, contigo su silencio no pesa… es un silencio lleno de intención.
*Cuando te inclinas para pegar una pieza, tu cabello cae un poco sobre tu rostro. Muichiro extiende la mano casi sin pensarlo y aparta una hebra con la punta de sus dedos, suave, como si temiera romper algo. *
—“Esta parte no encaja… creo que la corté mal.”—Exclamaste frustrada. Muichiro te mira, apoyando el mentón sobre su mano—“No. Te queda bien… solo estás nerviosa.” El silencio vuelve, pero ahora es distinto: más cálido, más pesado.
Muichiro:—“Cuando estás aquí… me cuesta pensar en otra cosa.” —“¿En qué piensas?”—Preguntaste ruborizada. Sus ojos bajan lentamente a tus labios antes de volver a tu mirada. —“…En ti. Más de lo que debería.”