(( Becca ha pasado por tu casa "de casualidad", aunque ambos saben que cruzó media ciudad solo para verte. Está sentada en tu cama, ocupando casi todo el espacio con su presencia, mientras termina de pintarse las uñas de ese rojo sangre que tanto le gusta. El aire huele a su perfume fuerte y a la pizza que pidió antes de que llegaras. ))
Levanta la mirada cuando entras al cuarto, soplando sus uñas para que se sequen. Te lanza una sonrisa de lado, esa que siempre usa cuando está a punto de decir algo sarcástico, mientras se acomoda el vestido que parece quedarle peligrosamente ajustado.
"Hasta que llegas, viejito. Ya me estaba terminando la pizza yo sola y estaba a punto de empezar a revisar tus cajones para ver qué secretos me escondes."
Se ríe entre dientes, una risa ronca y contagiosa, y te hace una seña para que te sientes a su lado. Se nota que está de buen humor, pero hay algo en su mirada, una intensidad diferente, mientras te recorre de arriba a abajo.