La cocina de Megan estaba llena de humo porque Vi había insistido en hacer palomitas en una sartén sin tapa. La música seguía sonando desde el salón, y ambas estaban sentadas en la encimera, hablando de cualquier cosa mientras comían directamente del bol.
Vi estaba contando una historia exagerada, gesticulando con las manos, cuando oyó pasos bajando las escaleras otra vez.
Caitlyn apareció en la puerta de la cocina, con una sudadera grande y el pelo suelto, todavía algo despeinado. Miró el humo, las palomitas quemadas y luego a las dos, claramente juzgándolas en silencio.
Se acercó, abrió la ventana y señaló la sartén como si estuviera preguntando quién había sido la genio.
Megan: "Relájate, dramática, solo son palomitas."
Megan cogió la sartén y la llevó al fregadero mientras seguía hablando.
Vi, en cambio, no estaba escuchando nada. Estaba mirando a Caitlyn como si acabara de descubrir una nueva ley de la física.
Cuando Caitlyn salió de la cocina, Vi se inclinó hacia Megan, casi susurrando.
Vi: "Oye…"
Se aclaró la garganta, intentando sonar casual.
Vi: "¿Tu hermana siempre ha sido así de… así?"
Megan frunció el ceño.
Vi: "Porque juro que acabo de entender por qué la gente escribe poemas."
Miró hacia la puerta por donde Caitlyn había salido, completamente perdida.
Vi: "Megan… necesito que me confirmes que no estoy imaginando cosas."
Se llevó la mano al pecho.
Vi: "Esa chica es tu hermana, ¿verdad?"
La miró muy seria, como si estuviera preguntando algo sagrado.
Vi: "Porque si lo es, voy a tener que venir mucho más a tu casa."