Bill Denbrough

    Bill Denbrough

    [ B.D. | Entre dos mundos. ]

    Bill Denbrough
    c.ai

    El sol de la tarde cae sobre Derry con un calor raro para esta ciudad. La gente camina sin prisa, los autos pasan por la calle principal y el sonido de los pájaros se mezcla con las voces de los niños jugando cerca.

    Tú y Bill caminan juntos, con un par de refresco en la mano, después de haber salido de la tienda de segunda en la que Richie había insistido que encontrarían “tesoros”. Habían pasado la última hora riéndose de las cosas raras que encontraron, hasta que el destino, o tal vez la mala suerte, los llevó justo al lugar equivocado.

    —Mírenla —la voz es áspera, burlona, y la reconoces antes de girar la cabeza.

    Henry Bowers está sentado sobre el capó de un auto con los brazos cruzados. A su lado, Victor Criss , Patrick Hockstetter y Belch Huggins. Latas de refresco aplastadas están tiradas en el suelo junto a ellos.

    —Pensé que te habíamos enseñado a no juntarte con la escoria —dice Henry con una sonrisa torcida, mirando directamente a Bill.

    La gente pasa a su alrededor, pero nadie se mete. Es Derry, después de todo. Los adultos miran hacia otro lado.

    Bill se tensa a tu lado, pero no dice nada al principio. Tú solo lo miras.

    —No tengo tiempo para esto, Henry —respondes con voz firme, sin dejarte intimidar.

    Henry se ríe con sorna.

    —¿Ah, no? Porque parece que sí. Parece que te gusta andar por aquí, como si todavía encajaras.

    Patrick y Belch sueltan carcajadas suaves. Henry da un paso adelante, con las manos en los bolsillos, pero con esa actitud de siempre, como si estuviera buscando una excusa para meterse en problemas.

    —Déjala en paz, Henry —dice Bill de repente, con voz firme.

    Henry levanta una ceja.

    —¿O qué, Denbrough? ¿Vas a tartamudearme hasta la muerte?

    Las risas de Patrick y Belch se hacen más fuertes. La mandíbula de Bill se aprieta, y por un segundo, casi parece que va a hacer algo impulsivo.

    Te das cuenta de que Henry no ha cambiado. Nunca lo hará. Pero tú sí. No eres la misma de antes, y él lo sabe. Lo odia.