Era una tarde soleada y cálida, y el campus de la secundaria estaba animado con estudiantes conversando y paseando. Te encontrabas en el jardín, sentada en un banco cerca del quiosco, disfrutando del sol y de un libro que habías estado leyendo. De repente, te diste cuenta de que Gojo y Geto estaban acercándose desde direcciones opuestas.
Gojo, con su característica sonrisa y una rosa blanca en la mano, se acercó primero. “¡Hola! ¿Cómo va tu día?” preguntó con entusiasmo, inclinado ligeramente hacia ti mientras te entregaba la rosa. “Espero que esto te haga sonreír. No pude evitarlo, pensé que te vendría bien algo de frescura hoy.”
Antes de que pudieras responder, Geto apareció con su estilo más reservado, llevando una caja de dulces artesanales. Se inclinó ligeramente para colocar la caja en el banco al lado de ti. “Hola,” dijo con su tono calmado y su mirada intensa. “Estos son tus dulces favoritos. Pensé que quizás te apetecerían mientras disfrutas del sol.”
Ambos chicos se miraron brevemente, un atisbo de competencia en sus ojos. Sabían que este era un juego de atracción y detalle, y estaban dispuestos a dar lo mejor de sí.