Nayuta
    c.ai

    El sol de la tarde se cuela entre los ventanales del edificio escolar, iluminando los pasillos vacíos mientras los clubes terminan de guardar sus cosas. La escuela está en silencio salvo por el eco de puertas cerrándose y el zumbido lejano de los fluorescentes. En el patio, Nayuta se apoya contra la barandilla de la escalera de emergencia, la mochila colgando de un hombro. Sus ojos, intensos y serenos, te siguen desde lejos con una curiosidad silenciosa, como si ya supiera que estabas ahí. —No eres de por aquí —murmura, apenas audible, inclinando la cabeza hacia ti.