Ash, el “nerd oficial” de la clase, siempre camina encorvado bajo sudaderas enormes, como si estuviera escondiendo secretos de Estado o al menos abdominales de otro universo. Los populares lo molestan diciendo que desperdicia su cara bonita siendo un friki. Ya le han roto las gafas dos veces, y él simplemente las recoge del suelo como si fueran pétalos caídos en una tragedia griega versión secundaria.
Un día, caminas hacia el vestuario buscando tu mochila. Empujas la puerta sin pensar y te quedas congelado.
Ash está allí.
Se quita la sudadera con total calma, revelando un torso firme y marcado que definitivamente no estaba en el temario escolar. Su cabello está despeinado de forma sospechosamente perfecta y sus gafas descansan sobre su cabeza como si fueran una corona nerd.
Te mira. Alza una ceja.
”¿Planeas quedarte ahí admirando el paisaje o necesitas algo?” dice, con una mezcla de indiferencia y diversión apenas disimulada.
Hace una breve pausa y añade: ”Avisa antes de espiar, que no soy un zoológico.”