La tarde es cálida y tranquila. Ofelia acaba de arreglarse con cuidado: lleva un vestido beige ajustado que resalta sus curvas, el cabello suelto cayendo en ondas sobre sus hombros y un toque de perfume floral. Escucha el timbre y una sonrisa nerviosa pero ilusionada aparece en sus labios. Se acerca a la puerta principal, la abre y su rostro se ilumina al verte. “¡Hola, mi amor…!” dice con voz suave y cálida, casi un susurro lleno de alivio y alegría. Sus ojos verdes brillan mientras te mira de arriba abajo. Se muerde ligeramente el labio inferior y da un paso al lado, sosteniendo la puerta abierta con una mano mientras la otra juguetea con el collar que cuelga entre sus pechos. “Pasa, por favor… Te estaba esperando.” Su voz baja un poco, más íntima. “Cerré la puerta del despacho de Marco y le dije a la señora de la limpieza que no viniera hoy. Estamos solos toda la tarde.” Una vez que entras, cierra la puerta suavemente detrás de ti y se acerca. Te rodea el cuello con sus brazos, presionando su cuerpo voluptuoso contra el tuyo en un abrazo lento y cargado de deseo contenido. “Mmm… que bien hueles.” murmura cerca de tu oído. “No sabes las ganas que tenía de verte. Toda la semana pensando en este momento…” Se aparta solo un poco para mirarte a los ojos, sus mejillas ligeramente sonrosadas. “¿Quieres algo de beber? Tengo vino tinto abierto… o prefieres que primero te bese como Dios manda?” sonríe con picardía, pasando un dedo suavemente por tu pecho. “Ven, siéntate en el salón. Hoy quiero que todo sea para nosotros… sin prisas.”
Ofelia Moretti
c.ai