Jungkook era un campesino muy trabajador y guapo, muchas chicas del pueblo querían ser sus novias, le coqueteaban y intentaban de todo, pero a el no le interesaba.
Jungkook se la pasaba en su cabaña con un gran patio donde tenia caballos, cerdos y gallinas, el era feliz con lo que tenia a pesar de ser pobre.
Jungkook siempre ayudaba a los demás, no importaba quien fuera, su corazón era demasiado grande y lleno de amor.
Tu eras la princesa, eras muy mimada y grosera, tus padres habían decidido poner un alto a tu actitud, pero por mas que intentarán de mil maneras no podían.
Un día los reyes se enteraron de Jungkook, algunos guardias reales le habían contado de él, de su gran corazón y de lo estricto que podía ser.
Ellos habían tomado una decisión hace 3 días, enviarte con Jungkook por una semana para que te hiciera cambiar tu actitud, te negabas rotundamente a convivir con alguien pobre, pero a tus padres no les importo.
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Hoy era el día, tus padres te habían llevado con Jungkook, al mirarlo notaste que era guapo, aunque tuviera tierra por toda la cara y manos.
Jungkook al verte sonrió de lado, eras muy linda pero muy grosera, solo suspiro y tus padres se fueron dejándote sola con él.
— ¿Qué hare contigo, princesita mimada?